martes, 19 de octubre de 2010

Que pensa estar siempre pegado al suelo, el cielo queda demasiado lejos!


Hecho de menos sentirse tan bien que casi puedes absorber toda la felicidad que te rodea. Esa sensación que, como un amigo diría, es el culmen de la felicidad, su punto máximo. Antes creía que dejar que nuestros sentimientos montasen en una montaña rusa, sin ningún tipo de control ni mecanismo de freno, sin conocimiento de lo que fuese a pasar en el instante siguiente acababa por dejarnos hechos polvos, extasiados, vacíos de ganas por seguir jugando. Pero por otra parte, la monotonía no parece mucho peor. ¿De qué sirve tener un estado de ánimo estable y predecible si no puedes llegar a ese culmen de la felicidad? Quizás ni un extremo ni el otro, aunque la verdad me decanto más por el primero. Esa sensación de vértigo, de emoción, de ilusión desbordada... sí, claramente la prefiero a la monotonía, aunque ello implique perder la noción de tus sentimientos y sentir que estás bocabajo. Por ahora, tengo claro mi decisión, y aunque puede que luego me arrepienta: una ficha para la montaña rusa por favor!

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