
“El éxito comienza con el pensamiento” Ése es el mensaje que me lanza un papel que mi madre pegó detrás de mi puerta hace tiempo y al que a penas le he prestado atención un par de veces. Pero fijándome un poco mejor, la verdad es que razón no le falta. Nuestro pensamiento es el que de alguna manera rige nuestro comportamiento, limita o agranda nuestras posibilidades, marca nuestras metas y objetivos, permite nuestros triunfos y causa nuestras derrotas. Así que, ¿por qué no amigarnos con él? ¿Por qué no aliarnos con nuestro pensamiento y así llegar lejos, muy lejos hasta tocar el principio de lo que se nos antoja como inalcanzable? Basta con planteártelo, y echarle ganas para conseguirlo. Eso sí, tienes que quererlo de verdad porque con quererlo flojito no vale.
Y es que esta vida loca que nos hemos atrevido a probar tiene mil matices, sonidos, palabras, personas, lugares y colores. Y, como según dicen, todo depende del cristal con que lo mires, ¿por qué no renovar los cristales de nuestro pensamiento? ¿Por qué no sacarles brillo para poder verlo todo más claro? Yo por lo menos he olvidado más de una vez sacarle brillo a mis cristales y al final me he acostumbrado a verlo todo gris sin más, sin acordarme siquiera de que existían tantos colores!
Pensando en todo esto creí encontrar por un momento una solución: ¿y si resultase que esos cristales que nos permiten enfocar nuestra vida desde tantas perspectivas fuesen nada más y nada menos que aquello a lo que llamamos amor? Sí, el mismo amor cuya fuerza invisible es omnipotente. Ese mismo amor que es nuestra fuente de energía, nuestra reserva de buenas emociones, nuestro refugio y nuestras ganas de comernos el mundo. La sustancia de la que están hechos los sueños, la materia prima del ser humano, la chispita que de vez en cuando se enciende para darnos ánimos, eso es el amor. Y como dice una película: de hecho el amor está en todas partes. Y tanto que lo está! Donde quiera que mire hay amor: amor hacia tus amigos, tu pareja, tu familia, tus conocidos, hacia el prójimo, hacia nuestra madre tierra, hacia nuestras aspiraciones y gustos, incluso en las guerras hay amor, aunque en ese caso amor del malo.
Por eso he decidido que es el amor el que debería guiar mis pasos, le he cedido las riendas de mi vida porque sé que no se equivocará al guiarme.
Por eso he decidido compartir mi amor contigo. Mi amor por las personas, por todo lo que me gustaría conseguir en mi vida, por las ganas de desdibujarme y reinventarme desde el principio cuando lo encuentre necesario, por crecer como persona, por viajar y perderme en cualquier rincón del mundo, por escuchar melodías que me dejen sin aliento, por sorprenderme cuando menos me lo espere, por conocer personas increíbles y sentimientos desconocidos… mi amor por vivir!
Hoy me alegro por ti, por nosotras, por haberte conocido y porque el amor nunca pueda acabarse.
Hoy espero que nunca te falte el amor, aunque siempre tendrás el mío.
Y ya sabes, cuando quieras quedamos cerca del suelo, en ese lugar que tú y yo conocemos tan bien y que espero nunca desaparezca.




