sábado, 3 de julio de 2010

:)


No sé si la respuesta es sí o no. No sé si alguna vez he cruzado la línea que supuestamente separa el mundo real del de los afortunados. Es una realidad tan abstracta que no sabría decir si alguna vez he tenido algo que ver con ella. Si lo he tenido, la verdad, no me acuerdo..

No sabría explicar por qué cruzar la línea es tan especial, por qué los que la cruzan son los afortunados o por qué hay muchísimas persona que dedican su vida y ponen todo su empeño en cruzarla.

Lo que sí que sé es que no me importaría cruzarla. Quizá no ahora pero si al menos una vez.

Pero para hacerlo debería estar muy preparada porque es algo que me infunde mucho miedo. Es como un arma de doble filo, por una parte me atrae, me cause tentaciín y por otra me provoca pánico.

Ese pánico nace de en lo que realmente consiste cruzar esa línea. Consiste en caer indefinidamente en un estado en el que tus sentimientos varían tan rápidamente como pasan los segundos. Consiste en querer, querer de verdad y respetar a esa persona por encima de todo. Consiste en hacerle feliz, porque eso conlleva a la misma vez tu felicidad. Consiste en correr riesgos, en estar siempre alerta porque un paso en falso podría suponer una tragedia. Consiste en pensar pero sobre todo en sentir, sentir que cada una de sus palabras que van dirigidas a ti, son para ti y nadie más y sentirte especial por ellos. Sentir que cada una de sus caricias y besos están cargados de amor que es para ti porque ese amor no pordría ser para otra persona. Consiste en no tener que hablar, porque una imágen, un gesto, una mirada dicen mucho más que la frase más bonita escrita nunca. Consiste en ser consciente de que tenéis construido algo que es único en todo el universo, porque es vuestro y nadie más podrá tener nunca algo parecido. Consiste en depender de esa persona emocionalmente, porque eso es lo que te da la vida y lo que a veces te la quita.

Quizá sea esa la razón por la que nunca he dado mi brazo a torcer, por la que nunca he cruzado la línea. Eso de depender no es lo mío. Para mí es como andar por la ciudad con los ojos cerrados o como cuando empiezas a patinar y siempre pierdes el equilibrio. Es una sensación de inestabilidad, inseguridad, miedo... que rechazo instintivamente.

Pero me arrojaría a ella sólo por saber lo que se siente.
Sólo por sentirme enamorada.
Aunque sea sólo una vez.

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