sábado, 3 de julio de 2010

La vida es sueño.


Toda persona tiene sueños.
Cuando somos pequeños soñamos con convertirnos en princesas con pomposos trajes rosas y encontrar una rana a la que besar para convertirla en príncipe azul, soñamos con ser astronautas y viajar a la luna y hacernos amigos de los extraterrestes, soñamos con que nos regalen el mejor juguete por navidad para poder enseñárselo a todos nuestros amigos, con encontrar alguna sorpresa debajo de la almohada cuando se te cae un diente o con tener poderes y ser un superhéroe.
A medida que vamos creciendo nuestros sueños cambian, pero en realidad se basan en lo mismo: en encontrar el amor verdadero, a romper las barreras que se supone existen en nuestro mundo, en que la gente se fije en ti por cualquier razón o en buscar la felicidad en tu vida.
Yo creo que la gente ha de tener sueños. Con ellos la vida es mucho más llevadera y hace que tengamos un obejetivo todos los días. Y claro está que nos hace muy feliz conseguir aquello que nos hemos propuesto.
Por eso no puedo comprender cómo hay personas que dicen no tener sueños. No me imagino una vida sin nada que desear, sin ilusiones, sintiéndote indirefente ante todo lo que te rodea. Eso para mi es inconcevible.

Hace nada me di cuenta de que uno de mis sueños había estado oculto desde hace tiempo. Sin saber porque había pasado desapercibido pero estaba ahí. Y cuando quise fijarme en él era ya un poco tarde, así que me obsesioné tanto que llegué a hacerme creer a mí misma que si no cumplía ese sueño mi vida no tendría sentido alguno. Mi problema fue que me vine abajo, lo di totalmente por imposible y no hacía más que recordarme a mí misma que nunca lo conseguiría. Por suerte un día, sin saber muy bien por qué empecé a luchar, dejé de preocuparme para ocuparme en cumplirlo.
Ahora no puedo decir que lo haya cumplido pero al menos lo estoy intentando y eso me anima y me da fuerzas, me da ilusiones y sobre todo me ha echo darme cuenta de que no se puede depender de una sola cosa porque si esa cosa te falla, qué haces?
De ilusiones se vive*




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